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Pavimentos para naves industriales

En una nave el suelo no se enfrenta a productos químicos ni a agua hirviendo. Se enfrenta a algo más aburrido y más implacable: la repetición

Qué desgasta el suelo de una nave

La rodadura, no el peso

Una carga estática muy grande rara vez rompe una solera sana. Lo que la desgasta es el paso continuo: ruedas duras de poliuretano, transpaletas cargadas y siempre por el mismo carril. 

Las juntas

Cada junta es un pequeño escalón. La rueda golpea el borde al entrar y al salir, y ese golpe repetido descarna el canto poco a poco. Una junta descuidada acaba convirtiéndose en un bache, y el bache en una parada de mantenimiento.

Los derrames

En talleres y metal caen aceites, hidráulicos y taladrina. El hormigón poroso los absorbe, se mancha de forma permanente y se vuelve resbaladizo justo donde hay más tránsito.

El polvo

Una solera sin capa de rodadura suelta polvo continuamente. No es solo suciedad: en naves con electrónica, pintura o alimentación envasada, el polvo del propio suelo es un problema de calidad de producto.

Las estanterías: lo que casi nadie mira

Una estantería de paletización descarga todo su peso sobre unas placas de apoyo de pocos centímetros. La carga que llega al suelo por centímetro cuadrado no se parece en nada a la de una carretilla, y una solera que aguanta perfectamente el tránsito puede punzonarse bajo un pie de estantería.
Que la solera aguante esa carga puntual
Depende del espesor, de la resistencia del hormigón y de lo que hay debajo. Si la nave es nueva, se dimensiona para la estantería que va a llevar; si es antigua, hay que comprobarlo antes de montar y no después
La planimetría, si vas a trabajar con pasillos estrechos
En un almacén convencional basta con que el suelo esté plano. Con carretillas trilaterales o pasillos muy estrechos, la exigencia sube muchísimo: una desviación pequeña en el suelo se convierte en un balanceo grande a diez metros de altura, y eso limita la velocidad de trabajo de toda la instalación.

Si tu nave hace polvo, tiene arreglo

Barrer todos los días y que al día siguiente vuelva a haber polvo no es normal: significa que la superficie del hormigón está agotada o que nunca llevó endurecedor
Según el estado, se resuelve con un tratamiento de consolidación superficial o con un recrecido. Lo primero es más económico y funciona si la solera está sana por debajo; lo segundo es la solución cuando el desgaste ha ido más allá de la capa superficial

Señalización y organización de la nave

El pavimento es la forma más duradera de organizar una nave. Se puede señalizar con pintura sobre el suelo o integrando el color en el propio pavimento: lo segundo cuesta más al principio y no hay que repintarlo cada temporada

Pasillos de circulación

Separan el paso de personas del de carretillas. Es la marca que más se pisa y la primera que se borra si va en pintura.

Zonas de carga y descarga

Delimitan dónde se maniobra y dónde no, para que el género no acabe invadiendo el pasillo.

Áreas de acopio

Marcan qué superficie ocupa cada cosa. Con el suelo señalizado, la nave se ordena sola.

Vías de evacuación

Tienen que verse siempre, también con la nave llena. Integradas en el pavimento no dependen de que alguien las repinte.

Lo que hay que decidir antes de empezar

En la mayoría —almacén, logística, taller seco— el correcto es hormigón fratasado con endurecedor superficial: es el más económico por metro cuadrado y el que mejor responde al desgaste por rodadura, que es el enemigo real aquí.

Resina epoxi cuando hace falta resistencia química por derrames, acabado en color o una superficie sin poro en zonas concretas.

El poliuretano cemento solo si hay agua de proceso o limpieza a presión. Si tu nave está seca, no lo necesitas y te lo diremos.

Son el punto más castigado de cualquier nave: golpes de palé, maniobras, agua de lluvia, hielo en invierno y un tránsito que no para.

Ahí manda la resistencia al impacto y una pendiente bien resuelta que saque el agua hacia fuera y no hacia dentro. Se trata como una zona aparte, con un acabado distinto del interior.

Si estás construyendo, es el mejor momento y el más barato: el fratasado forma parte de la ejecución de la solera, así que hay que entrar en obra en el momento del vertido. Antes conviene tener decididas la retícula de juntas, la planimetría que exige la instalación prevista y dónde van a ir las estanterías.

Si la nave ya funciona, se trabaja por zonas y se planifica alrededor de la operativa: pasillo a pasillo, por fases o aprovechando paradas. Es más lento y algo más caro por metro, pero permite no parar el almacén.

DUDAS HABITUALES

Preguntas frecuentes sobre pavimentos para naves industriales

Depende del espesor, de la resistencia del hormigón y del terreno que hay debajo. La carga por centímetro cuadrado bajo un pie de estantería es muy alta, así que si la nave es antigua conviene comprobarlo antes de montar. Es una revisión rápida y evita un disgusto caro.

Para un almacén convencional, la normal. Si vas a trabajar con pasillos estrechos y carretillas trilaterales, la exigencia sube bastante y hay que decidirla antes de verter, porque corregir la planimetría de una solera terminada es caro.

Sí. Según lo agotada que esté la superficie, se resuelve con un tratamiento de consolidación o con un recrecido. Lo vemos en la visita: no hace falta repavimentar en la mayoría de los casos.

Sí, por zonas. Necesitamos entender la operativa —qué pasillos son críticos, en qué horarios hay menos movimiento— y a partir de ahí montamos el orden de la obra

No. El hormigón se retrae y se mueve, y las juntas son las que dirigen ese movimiento: sin ellas, la grieta aparece donde le apetece. Lo que sí se puede es cortarlas bien, sellarlas con el material adecuado y reconstruir los cantos cuando se descarnan.

Se puede, con pinturas específicas para hormigón y con la superficie limpia y sellada. Lo que hay que asumir es que en los pasillos de más paso habrá que repintar cada cierto tiempo.

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